INTELIGENCIA EMOCIONAL, la inteligencia más humana

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Hola os decía ayer, o antes de ayer que tampoco hay que ser tan puntilloso, la importancia de los buenos amigos o de los amigos a secas que hoy por hoy también son un lujo, y me acudió a la memoria este pensamiento después de una larga y muy instructiva charla con Erne, como sabéis un amigo que aprecio como a mí mismo, inmediatamente me prometí contároslo y en eso estoy a ver si acierto con las palabras adecuadas.

Paseando con mis soledades y pensamientos, con los que salgo tan a menudo, recibí un WhatsApp de Erne que me preguntaba si podíamos vernos quería contarme algo, le dije que sí y coincidimos al lado de la Ría; Erne estaba embutido en una bufanda que no dejaba ver más que su nariz y ojos hacia frio a esa hora pero venia hablador como siempre.

-Hola Jose ¿qué tal el dia?

–Fenomenal como siempre disfrutando de este largo paseo y recordando el frio que pasábamos cuando la ropa era otra

-Si aquellas Navidades tenían su encanto con las caídas y las guerras de bolas

–Bueno cuando las bolas no eran de hielo y dime ¿qué te preocupa?

-No nada solo quería contarte algo que me acaba de pasar y consultarte si a ti también te pasa

–Pues dime

-Veras me he encontrado con una pareja de conocidos un matrimonio que veo dos o tres veces al año por la calle, personas que te caen bien y con las que charlas un rato, lo primero como manda la buena educación es preguntarles como están y que tal su familia, es lo que hice y ella empezó a contarme que iban al hospital pues su nieta estaba muy enferma, a medida que hablaba sobre el tema sus ojos se humedecían y su voz era cada vez más temblorosa, su marido callaba con la mirada perdida, intente decir algo cualquier cosa (no te preocupes no será demasiado grave la medicina cada vez avanza más), lo que fuera me valía para mitigar el dolor de estos amigos que me estaba atenazando, pero casi no pude decir nada solo poner una disculpa para irme y desearles suerte, casi cuando ya me iba él me dijo que parecía que el tratamiento estaba dando sus frutos, creo que trataba de hacérmelo más fácil, al alejarme me sentía aun peor ¿Qué me paso?

–Por lo que me has dicho entiendo que sentías un gran malestar e intentaste alejarlo con las palabras de aliento

-Pues tienes razón sí que me sentía muy mal

–No te preocupes es algo normal hemos nacido para ser felices y hacer frente al dolor emocional nos cuesta

-Pero yo quería ayudar, aportar algún consuelo

–Creo que el mejor consuelo que podemos prestar en estas ocasiones es el escuchar con atención, sin interrumpir, intentando ponernos en su lugar y dándonos cuenta que lo que hacen no es para informarnos de sus desgracias sino para desahogar su corazón, pensar en ese momento que él o ellos son los enfermos de dolor no nosotros y como mucho preguntar si podemos hacer algo para ayudar, y si nos contagian esa emoción pues dejarla fluir, acompañar, decirles no te preocupes puedes contármelo todo yo te escucho.

-Si ahora entiendo que era mi malestar el que me impulsaba a hablar a huir de esa sensación de dolor, creo que he sido egoísta y no me siento bien

–Valoro la confianza y me hagas participe de tus sentimientos y sobre todo que tengas el valor de reconocer tus debilidades ¿sientes que estas un paso más cerca de ti mismo?

-Pues sí que es cierto a cada minuto algo ha cambiado y ya no somos los mismos ahora ya entiendo algo más de mí. Oye Jose mañana voy a casa de mi cuñado ya sabes que padece una enfermedad terminal y no le queda mucho, no sé muy bien que hacer en esta situación.

Continúo en este punto otra conversación que, si me lo permitís, os contare más adelante.

Un abrazo para tod@s